Las gotas adormecen la noche. Tintinean las pestañas húmedas, mientras tanto, en la oscuridad, se escuchan melodías de aliento. Entrelazamos versos y tactos,  símplemente nos dejamos llevar por las estrellas que no se ven, pero se adivinan. Me quedo quieto y observo, y el aire viene a buscarme entre suspiros compartidos. Agarro la distancia y pongo su ombligo en mi espalda, sus dedos en mi pelo y sus labios en mi cuello, entonces invento un recorrido oscuro, sin tiempo, sin calendario, y vuelvo a contar las estrellas que no se ven,  y me regalo la luna que imagino, y me abrazo a cualquier planeta que me quiera acompañar. Los susurros se abren despacio y el asfalto me abofetea la cara.

Llueve. después de una mañana y una tarde de primavera, la lluvia ha decidido salir a recibirnos, justo media hora antes de la salida, no se lo quiere perder. Estar allí, en el cajón de salida, rodeado de todos los corredores y en especial del Cuco y Txuri, abrazándonos a la noche, cuando menos me sorprende. Me he tomado una pastilla para la congestión nasal que me he traído, otra para el dolor de garganta y otra para la lumbalgia que también me he traído Hay mucha gente en la salida animando, con paraguas, con pañuelos, con capuchas, es igual el método, lo importante es estar. Chema acaba de hablar a los corredores, a éste seguro que le da tiempo para cenar a la hora. Han retrasado la salida un cuarto de hora, no sé porqué, aún así, tampoco sale a las 20:15 si no casi a las 20:25. Quiero acabar esto entre 3h15 y 3h30 así que me voy con el Cuco y el Txuri... a Gorriti le hemos perdido en el Pupi. Primero la idea es ir con ellos hasta el km 5 pero pienso que no está el horno para bollos y que mejor será que vayamos juntos hasta el 10. El ambiente es tropical, 25º, lluvia finísima, y una humedad como aguijones de avispa... el Cuco me dice que nuca me había visto sudar tanto... Dan la salida, fuegos artificiales y olor a pólvora ¿mojada? Miro atrás y veo el humo que simula el incendio del Gugenhein. Ambiente increíble. Gritos que te transmiten un salvaje hormigueo por la piel hasta llegar a perder la sensibilidad. Recorrido por las calles de Bilbao hasta el km 7 más o menos, Vamos hasta el 10 a ritmo de 4:50-5:00 En el 10 me despido de mis compañeros y me planto en 4:10-4:15 me encuentro bien. Del 14 a la media se va junto a la ría por un recorrido un tanto feo y en ocasiones oscuro, y en otras muy oscuro aunque han puesto unos generadores y unas lámpara que iluminan parte de ese recorrido. Como esta zona es de ida/vuelta, en el 17 veo pasar hacia el lado contrario a Chema y los dos keniatas como auténticas balas, pero sólo es mi impresión, pues sus tiempos fueron más que discretos. LLego a la media, allí hay buen ambiente, pero es un espejismo, porque la vuelta nuevamente por la ría, simplemente se me hace insoportable a la par que interminable. Hay 7 kms que prefiero olvidar porque me dejan muy tocado. Esos que recorrían le camino de vuelta hacia Bilbao, prácticamente solo, casi a oscuras, con el único sonido del golpe de mis zapatillas y algún chasquido de los charcos que piso. A veces llueve muy despacito... En el 25 noto una ampolla en la planta del pie izquierdo (debe ser por el agua del asfalto). Un kilómetro más tarde mi rodilla derecha empieza a cantar... por “soleares”, y bajo el ritmo, la verdad es que ya no podía mantener el ritmo que llevaba cuando dejé al Cuco y al Txuri. Quiero llegar a Bilbao, doy la cerveza de después a cambio si es necesario. Entro en Bilbao sobre el 30, pero ya estoy más muerto que vivo, pero no quiero firmar mi rendición. Bajo de ritmo a trote, aún así adelanto a mucha gente (siempre hay alguien que está peor). La gente en Bilbao y sus gritos me hacen recuperar algo de frescura, pero poca. En el 38 hay una cuesta que para todos era de 200 metros y que para mi era de 15.000, echo pie a tierra y la subo andando, la rodilla y la ampolla ya casi no me dejan ni andar. Un chico se acerca a mi. Me da un poco de vergüenza ir andando. Me dice: “Así me gusta, que vayas regulando. 50 metros más y se acaba la cuesta, te lo prometo. regula que luego es cuesta abajo hasta el 40”. Casi me abrazo a él y me pongo a llorar, pero al final sólo se lo agradezco. Además, tenía razón, 50 metros después llega una bajada hasta el 40 y vuelvo a correr ya hasta el final. Llegada emocionante entre algo de lluvia y grito de gente bajo el puente del Gugenhein. Termino en 3h 25’ 50’’ con dolor en la rodilla, una ampolla y calambres en el bíceps femoral (nunca me había pasado esto).

Tal vez la organización debería plantearse cambiar algunas pequeñas cosas, ya no el recorrido por la ría, si no su iluminación. La puntualidad en la salida, y sobretodo, podrían pensar en poner algo de comer al llegar, no sé, un plátano, una manzana o un pastelito, con eso hubiera sido suficiente. Por lo demás, la organización estuvo más que aceptable.

Mientras dormías, yo me bebía la lluvia y me ahogué en silencios. Los charcos eran lagos en un todo gris. Mañana saldrá el sol, pero no te vi mientras dormías.

Esta vez mi agradecimiento va dirigido a esas personas que estuvieron conmigo: Maite, Gorriti, Teresa, Miguel. Txuri y su chica (olvidé el nombre) y Teresa. Pero muy especialmente a todas esas personas que salieron a la calle a gritar a la noche y que me emocionaron de una manera muy especial. ¡¡Sois la Hostia!!

 

Night Maratón Bilbao (La noche de las zapatillas vivientes)

26 de octubre de 2009

 
 

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