24,63 kms. 2014m ascendentes. De Lech a St. Anton.
En esta segunda etapa, me dí cuenta de lo mucho que pueden engañar un cierto número de kms y más aún, unos desniveles en un mapa.
"Uys, qué bien!!...qué cortita esta etapa!!!...esto está hecho en un rato" pensamos...
si...por los cojones!!!
Ya el inicio fue de sofocón...900 metros de subida en poco más de 5kms, por un senderito en el que nada más empezar, ya se montó el embotellamiento padre.
Cuando ya fue despejándose el tema, vimos que peligraba nuestra llegada en tiempo al primer control...así que Miguel empezó a empujarme, yo empecé a agobiarme, a esforzarme y a machacarme los cuádriceps, hasta que conseguimos llegar al avituallamiento y sentirnos de nuevo super felices de ver que nos habían sobrado 20'.
Al pasar ese punto, creíamos que ya los sustos habían pasado, pero ver que nos íbamos acercando a una montaña nevada, en la que empecé a observar cómo la gente resbalaba allá en lo alto, me puso los ovarios de diadema.
Si ya de por sí la transalpine me parecía una carrera super eficientemente organizada, ver que entre medias de los corredores, se metían tíos de la organización para ayudarte en caso de necesidad, ya me pareció la rehostia.
Y allí fue donde tuve la suerte de conocer a Nico que subía detrás de mi y que más que un componente de la organización, parecía Dios, el omnipresente y Mcgiver, el multiusos. Fue nuestro ángel de la guarda durante el resto de días (era fisio y nos ponía el taping en las rodillas, vendaba el tobillo esguinzao de Miguel cada mañana, nos encontraba por cualquier parte de las montañas y nos servía de fotógrafo) pero su mejor ayuda, sin lugar a dudas, fue esa tremenda subida hasta 2750metros, nevada, embarrada y resbaladiza no podéis ni imaginar hasta qué punto, en la que incluso resbalándose él, fue poniéndome los pies para que yo apoyara los míos.
Me entró un pánico increíble. Resbalarte ahí, era caer rodando por un abismo y eso me provocaba un vértigo insoportable. Miguel iba delante informándome a cada paso..."queda poco así, Syl...venga que aquí ya está algo más plano...tranquila que en este tramo ya puedes caminar". Ví gente sentarse y negarse a seguir...cosa que no ayudaba mucho. Vi gente resbalar y agarrarse a cualquier piedra, que aún ayudaba menos...pero finalmente y poco a poco, conseguimos llegar arriba del todo. Uff...el alivio que sentí fue gigante, pero duró muy poco...ver la pendiente vertical por la que había que bajar, agarrándose a una cuerda (escalada, sin más), ya nos dió hasta risa y empezamos a bromear con nuestro olvido al no haber traído el arnés.
Cuando conseguimos poner ya pie en lugar plano (bueno, más o menos, que planos allí no son ni los mapas), empezamos a correr, por si no llegábamos a tiempo al V2. Teníamos 6h y al final nos sobraron 50', por lo que la parada en ese avituallamiento se hizo algo más larga...tanto que la despistada de turno, se dejó allí los bastones y tuvo que volver correteando, antes de que Miguelito la dejara por allí abandonada.
El resto de bajada, de 5 o 6kms, los hicimos corriendo y adelantando a un montón de gente...sintiéndonos enérgicos y entregados totalmente a la carrera.
Llegar a St. Anton y oir a Tere animándonos, me devolvió a la realidad...a pensar que había terminado otra etapa en la que había pasado mucho miedo, había sentido el peligro de la montaña y sufrido el no controlar mis propios pasos...y me emocioné...y me aguanté aún un rato porque sentía que empezaba a ahogarme...pero no pude más al llegar al arco de meta...oir nuestros nombres en la voz de Oriol (el traductor español) ver que estabamos bien y que de nuevo lo habíamos conseguido...y me abracé a Miguel y empecé a llorar...y me abracé a Tere y seguí llorando...y me abracé a Oriol y entre lagrimas le dije como una niña pequeña..."jo, he tenido mucho miedo!"...