Tengo suerte de vivir en este planeta, de caerme de bruces contra las mismas adversidades, caminar, correr, cuando no se tiene ni idea de dónde se va, o sí. Las situaciones pasan, no se sabe dónde pero pasan. Añoro las madrugadas aunque me hiciera daño verlas, el frío, el cielo, el calor... Ha sido casi un año preparando esto que me da rabia ver cómo se consume el tiempo y ahora, después de que todo ha pasado, es como si la vida se me hubiera terminado, como si un hueco haya quedado vacío, ¿qué hueco queda vacío?
Después de bailar con la bruma, de oír sonidos agotados, luces desenfrenadas, ilusiones transportadas por carriles de piedra a velocidades ilimitadas; después de ver los surcos del frío, del viento, de ver tatuado el sudor en cada huella, estoy más convencido de que no quiero curarme de esta locura.
Para ser la mejor carrera ha de tener la mejor organización. Desde mi modesta opinión, la Transalpine es la mejor carrera no sólo por su belleza y su dureza, sino fundamentalmente por su organización, que salvo algunos pequeños fallos puntuales e inevitables, fue exquisita y perfecta, digna de cualquier carrera deportiva de élite, porque así es como te hacen sentir, el corredor más importante, desde el primer día hasta el último.
Esta edición (la 5ª) ha sido muy similar a la de 2007, aunque según la organización, la Transalpine de 2009 ha sido la más dura de las cinco ediciones, ya que en 2007 debido a la climatología, debieron acudir a los trazados alternativos, no pudiendo ascender a algunas de las cimas que este año sí que se subieron (muy a mi pesar jajaja).
Haré memoria de lo que allí sucedió:
1ª Etapa. Oberstdorf (GER) – Lech am Arlberg (AUT). Distancia 35 km. Ascenso 2.543 m. Descenso 1.915 m.
Oberstdorf nos recibe lloviendo. Syl y yo nos miramos como diciendo: “¡¡pero dónde coño nos hemos metido!!”. Vamos a recoger la bolsa y el dorsal y allí conocemos a Oriol, un español que forma parte de la organización. Descubro que la organización de este evento es de lujo, muy personalizada y con detalle. Que no te vale la camiseta... no hay problema, ellos te buscan otra; que no hay otra... tampoco hay problema, te toman nota y en cuanto la tengan te la dan. Que no tienes hotel... ellos te lo buscan, y así constantemente.
Al día siguiente hace sol, pero ya nos han advertido de que es posible que por “arriba” haya barro. La salida es espectacular, todo el mundo sonríe e intenta calmar los nervios de la mejor forma posible. Suena el “higway to hell” de AC/DC, cuenta atrás y disparo. Comienza el baile.
Pequeña subida hasta el km 7 allí la cosa se pone sería hasta el primer avituallamiento y a la vez primer punto de control, lo pasamos con 35 minutos de antelación; la alegría es tal que hasta brindamos con el isotónico High5 que da la organización. A la fiesta se unen los vascos Ander y Jóse. La alegría y el cuestón que habíamos tenido hasta ese momento nos hace pensar que ya hemos pasado lo más difícil ¡¡¡jaaaaaaaa!!! nos damos cuenta de nuestro error (ya no nos acordábamos ni del rootbook ni nada) cuando al poco le digo a Syl: “Has visto aquello que se mueve allí arriba? no son hormigas, son los corredores que van delante nuestro”, ella no se lo cree, claro es que sin gafas ve menos que un gato de escayola... hasta que al poco, cuando debió de ver el movimiento de los bultos me dice: “¡¡hostias!! que sí.. que hay que subir hasta allí”, creo que luego añadió: “su puta madre”. Efectivamente era el Fiderescharte que estaba a 2.210 metros de altura, más cerca de la estratosfera que de la tierra. Nos esperaba una ascensión total de unos 700 metros... “pa morirse”. Aunque nos costó un huevo y la yema del otro subir, llegar mereció la pena por las vista tan increíbles que había; ¡pero más increíble es que haya gente por esas altitudes animando! Pero ahí no queda la cosa, teníamos que bajar y volver a subir, así unas cuatro o cinco veces más. El suelo por la lluvia del día anterior esta resbaladizo y lleno de barro. Después de hacer pipí como dios manda en la estación de esquí, Syl se mete un resbalón que ni la caca de su Raidlight la para, es más, el bastón se dobla como una goma (que lo vi en directo pues yo iba detrás), se rompe y da con sus huesos en el suelo... bueno, en las piedras y el barro; fue el primero de sus cinco leñazos (es que hacíamos competición a ver que se la pegaba más veces). El segundo control está cerca del km 26 y llegamos con media hora de adelanto, el alegrón es indescriptible. Nos quedan unos 9 km de sube y baja, en la pista, que pasa por una especie de bosque, hay muchísimo barro, cuando sales de allí,ya se puede ver Lech, ¡¡pero una cosa es verlo y otra tenerlo!! La meta parece no llegar nunca, pero como casi todo en la vida, llega. Me siento muy contento sobretodo porque Oriol dice tus nombres, el equipo, la nacionalidad. Llegamos en 6h 58’ el doble de los que ganan (sucederá así en todas las etapas) y tengo que cambiar mi chip maratoniano para no pensar que ahí se ha acabado todo. Ducha, cena, Briefing, masaje de Teresa y a dormir.
2ª Etapa. LECH AM ARLBERG (AUT) - ST. ANTON (AUT). Distancia 24 km. Ascenso 2.014 m. Descenso 2.169 m
Etapa salvaje, una de las más duras de la Transalpine. Aquí es donde coincidimos por primera vez con Roberto Palomar (Diario Marca) y su compañero de equipo Josef Ajram. El primero le plantó un par de huevos a las montañas, y el segundo, un tipo grande y musculado, y tan buena persona como su tamaño. Se les empezará a conocer desde ese momento como los chicos de la cuerda, la goma o el arnés; porque Josef lleva atado a Roberto para poder tirar de él.
La noche anterior Syl y yo decidíamos qué equipación íbamos a llevar al día siguiente, acordamos que para esa segunda etapa, y como en el briefing nos habían advertido que haría frío, llevar manga larga, y con manga larga teníamos camiseta negra o blanca... apostamos por la blanca, en presagio de lo que después acontecería en la montaña ¡¡¡nieve!!!
Creo que tras la subida al Vallugagrat (2.750 m), se me olvidó todo lo demás de esa etapa. si cuando escribí la crónica de Carros de Foc dije que había tenido miedo, en esta ascensión hubo dos momentos críticos en los que pasé miedo de quedarme paralizado.
La etapa comenzó con una ascensión importante, de unos 900 m nada más salir, por lo que se formó un una cola impresionante, debido a eso pensamos que no llegaríamos al primer control de tiempo, pero llegamos bien.
Y en el km 14 llegó lo impresionante, ese ascenso hasta los 2.750 m en un porcentaje que si no superaba el 30% le faltaría poco, todo ello mezclado con nieve, hielo y el barro del deshielo. Ya desde abajo Syl veía a las “hormigas” resbalar, y me lo decía con cara de incredulidad. En el ascenso había que tener mucho cuidado, pues si resbalabas, lo más lógico es que cayeras por el barranco. Veo a gente subir a cuatro patas,a una chica sentarse llorando diciendo que tiene miedo y que no puede subir, a Nico (nuestro ángel vendador), poner los pies tras los de Syl para que no resbale. La subida es de aproximadamente 1 km y se hace eterna... eterna. Oigo a Josef gritar: “¡hijos de puta!”, estoy convencido de que se refería a los que diseñaron aquel trazado jajaja. Al llegar a la cima hace mucho frío y mucho viento y un sol espectacular, con unas vistas indescriptibles. Pero si pensábamos que ya había pasado lo peor, estábamos en un grave error... cuando al llegar veo que no hay más camino, sino un cortado en la montaña con una cuerda por la que hay que bajar, ¡¡¡cuando ya sólo con mirar para abajo se me tensaron hasta las uñas de los pies!!! Bajo primero y le digo a Syl que me grabe por si me doy el gran hostión por lo menos que pueda salir en el telediario. Al principio bajo con miedo, pero al ver que no es tan complicado, me empieza a hacer gracia lo que sucede con la cuerda, pues si el que va debajo de ti agarrado, se mueve, tú, en un latigazo, vas para el mismo sitio... ahora ya sé lo que sienten las marionetas. La bajada es salvaje pues en casi 10 km se desciende de 2.750 m hasta 1.300 m lo que hace una pendiente del 15% que os puedo asegurar que es como ir mirándose continuamente los dedos de los pies.
A falta de tres km pensamos que hay que hacer algo al llegar a la meta... a Syl se le ocurre el lanzamiento de arco tipo Bolt, paramos a ensayarlo ante cientos de espectadoras... las vacas. Entramos en meta, Syl se echa a llorar, yo creo que del miedo que ha pasado.
3ª Etapa. ST. ANTON (AUT) - GALTÜR (AUT). Distancia 33 km. Ascenso 2.437 m. Descenso 2.134 m
Los dos primeros días las etapas habían comenzado a las 10 a.m. porque la organización sabía que aparte de hacer frío, habría nieve; pero la tercera etapa, yo creo que por la dificultad y la distancia, colocó la salida a las 8 a.m. eso quería decir que habría que darse el madrugón para tener todas las bolsas listas para dejar en la recepción del hotel y que el camión de la organización se las llevara... sí, sí, sí... como lo oís, la organización toma nota de los hoteles donde nos encontramos y pasa a recoger los equipajes.
Comienza con 15 km de subida hasta el Kuchenjoch (2.730 m) por una pista forestal ancha y preciosa, pasando por lagos. Vamos casi todo el camino con Jaume, Roberto y Josef. Llegamos al primer avituallamiento con 40 minutos de sobra, así que paramos tranquilamente a comer, ver las maravillosas vistas y observar cómo el helicóptero de la organización, aterriza a nuestro lado.
La primera parte de esta etapa es realmente preciosa, con piedras, montañas nevadas y un cielo azul océano... oigo gritar a Syl: “¡soy el rey del mundo!”, a lo que en la lejanía detrás nuestro, Josef responde: “¡esto no tiene precio!”... Y así era, aquello no tenía precio, y efectivamente, éramos los reyes del mundo...
Veo a la gente que va delante nuestro, en la lejanía, ya las típicas hormigas (es curioso que al que va delante de ti 50 metros está por encima de tu cabeza), subir un peñasco por medio de cables aéreos. Una vez atravesado ese trozo se llega a la cima. Desde ahí se desciende hasta el segundo avituallamiento, que se ve en la lejanía, abajo, como la casita de Pin y Pon. Parece que está cerca, pero no, está tan lejos que vemos peligrar el paso por el control en el tiempo que la organización ha marcado. Así que iniciamos un descenso vertiginoso, endiablado... bueno, lo mismo no fue para tanto, pero a mi me lo pareció. Marie-Louis, una chica alemana alta, rubia y con un culo para dejarte sin palabras, va en esos momentos delante de mi en un camino estrecho, muy estrecho... la veo tambalearse de lado a lado, ahora hacia la derecha, ahora hacia la izquierda... hasta que al final cae como una moneda de un euro del puro cansancio. Se intenta levantar y no puede, está “grogui”. La ayudo a levantase. En esa bajada me tuerzo el tobillo por primera vez, me duele mucho y tengo que bajar el ritmo, pero he conseguido no caerme. Por su parte Syl tropieza con una raíz y besa el polvo. El control de avituallamiento no llega nunca, cuando aparecemos por él, sólo lo hacemos con 8 minutos de sobra sobre el tiempo estipulado, pero intuimos que lo ampliarán porque detrás de nosotros vienen muchas parejas, entre ellas Roberto y Josef.
Desde aquí el trazado de subida y bajada de la segunda pendiente (Schafbichl-Joch 2.636 m), se me hace pesada y monótona, pero llegamos al segundo control con 20 minutos de sobra. queremos relajarnos ya a partir de ahí, pero la bajada no nos lo permite. Y es aquí, a falta de unos 3 km cuando llega lo peor... No sé si por el cansancio y porque el camino es un surco muy estrecho, la cosa es que tropiezo y me voy al suelo, se me sale el hombro y me quedo “grogui”, sólo atino a decir a Syl: “se me ha salido el hombro”, y a ella sólo le da tiempo para volverse poner la mano en el hombro y notar cómo volvía a su posición original. Me levanto y le comento que bajemos el ritmo hasta que se me pase un poco el dolor. Pero un km más tarde me vuelvo a torcer el tobillo (el mismo de antes) y me tiro al suelo para no hacerme más daño, quedándome, como diría Syl, a cuatro patas... me cago en todo lo cagable porque el dolor es muy fuerte y le digo a Syl que si me lo vuelvo a torcer no podré continuar.
Llegamos a meta y directos al servicio de “rescue” (asistencia médica), que hasta ese momento había pasado inadvertido para casi todos, compruebo que aquello comienza a tener una afluencia considerable. Desde ese día, el rescue será nuestra primera parada antes de comenzar la carrera, a mi para que me hagan un vendaje de protección en el tobillo y taping en la rodilla derecha (que ya empiezo a tener machacada por las bajadas), y a Syl para un taping en la rodilla izquierda.
En el briefing de ese día nos espera una agradable sorpresa, el tipo que ha compuesto la canción para esta carrera (Keep on running), aparece en escena con su melena rubia larga, y sus músculos asomando por entre la camisa rota adrede, y comienza a cantar, pufff...
4ª Etapa. GALTÜR (AUT) - SCUOL (SUI). Distancia 40 km. Ascenso 2.339 m. Descenso 2.734 m
Etapa muy similar a la del día anterior, con subida a dos picos, el Futschölpass (2.768 m) y el Piz Ciünas (2.793 m). La primera subida son 15 km, pero en general tenemos miedo a toda la etapa por ser de 40 km y llevar ya el cuerpo muy castigado, de tal manera que le digo a Syl que pasando esta etapa, y sabiendo que al día siguiente es el km vertical y que será como un día de descanso, sólo nos quedarán tres etapas (¡¡sólo!!), y que esas se hacen aunque sea a gatas (con lo que no contábamos era que entre esas tres etapas restantes, se encontraba la más dura de toda la Transalpine).
Paso por el rescue, saludos a la gente, en especial a Sami y Lidia que se están saliendo en esta edición, a Jaume, a los chicos vascos, a Roberto, a Josef...
Esta etapa se me hace muy pesada. Vamos hasta el control uno (10 km) hablando con Jaume. Al llegar a ese control con 20’ de sobra, Syl va a hacer un pis y se encuentra con una alemana llorando, luego me explica que no hace más que vomitar y que se va por las patas abajo, vamos, algo que deduje nada más verla por los ojillos achinaos que se le habían puesto. Me da mucha pena, pero no podemos esperar más, así que tiro de Syl mientras se come un plátano.
Al llegar al Futschölpass coincidiendo con la frontera suiza, Nico, que estaba por allí, nos hace una foto. Ya en la bajada, una vez más del 20%, los dolores en mi rodilla son cada vez más fuertes. En esa bajada Syl se resbala, cae para atrás y hace la cucaracha... osea, se queda con las patas p’arriba mientras las mueve al compás de una música que sólo suena en su cabeza. después de comprobar que no le ha pasado nada, me muero de la risa al recordar el cacho hostión que se ha dado. Pero mi alegría duró poco, porque unos 6 kms más abajo, en una zona llana y sin dificultades, vuelvo a torcerme el tobillo izquierdo y me deja k.o por varios minutos... Sé que si me lo vuelvo a torcer tendré que abandonar. Llegamos al control dos y viendo que ya no hay más controles y que lo pasamos en tiempo, decidimos hacer una parada algo más larga, además, en el avituallamiento ¡¡¡había jamón y queso!!! incluso compramos unas cocacolas con unos francos suizos que nos deja Josef. Estamos allí más de media hora mientras tomamos nuestras cocacolas y contemplamos el paraíso de paisaje que hay a nuestro alrededor. Al salir, en lugar de parecer que hayamos bebido cocacolas, parece que nos hemos bebido un cubata, porque lo primero que hacemos es ¡¡¡perdernos!!! Si, ya se que suena increíble, pero así fue... mira que las marcas están cada dos metros, pues nada, nosotros a nuestra bola. Cuando vemos a unos turistas campestres que nos indican desde lejos que por allí no es... damos la vuelta. Una pareja de chicos ingleses, que andaban más a tolondrados que nosotros, nos han seguido, y se acuerdan de nuestros padres al ver que nos habíamos equivocado. A esta pareja Syl les dará el nombre de “los gorrinos”, por la jartá de pedos y eructos que los tíos van soltando... a mi me da la risa porque lo único que acierta a decir es “sorry”... ¿sorry? los cojones tío, que casi me das. ¿¿Y la risa cuando Syl dice que un eructo le ha olido a salami??? es hoy y me muero de la risa, es más, ¡se me están cayendo lagrimones en estos momentos!
La subida es muy dura y hace mucho calor, pero al llegar a la cima, por imposible que parezca, vemos que la bajada aún es peor, con tramos del 20% de desnivel... Los últimos seis km son los seis km que haremos al día siguiente en el kilómetro vertical... ya sólo con verlo me dan ganas de quedarme en la cama al día siguiente. Hay tramos que incluso superan el 30%, y en uno de esos tramos, que además había hierba, Syl se pega otra castaña, esta vez cae resbalando y si no la sujeto por el brazo, se va a una zarza.
Llegamos a meta en Scuol en 8h 39’ 58’’. Como al día siguiente es el famoso kilómetro vertical y nos quedamos dos días en Scuol, el cielo se nos abre... además, creo que ese día fuimos conscientes de que la Transalpine estaba al alcance de la mano, así lo habíamos hablado muchas veces. Nosotros deseábamos terminar la Transalpine, y todo deseo es una herida.
5ª Etapa. SCUOL (SUI) - SCUOL (SUI). Distancia 6,2 km. Ascenso 936 m. Descenso 0 m. Porcentaje medio: 15%
Sólo eran unos metros más de funambulismo, mil metros para arriba en contrareloj.
Aquel día era especial, pues sabíamos que sólo eran 6 km y que como mucho en poco más de hora y media habríamos terminado. El día era espectacular, lleno de sol. Era como si mirar la claridad infinita del ambiente, nos hubiera contagiado su alegría.
Y allí estábamos, después de pasar por el “rescue”, junto a la linea de salida. Antes ya habíamos saludado a Sami y Lidia, hecho fotos con Roberto y Josef, con Eladio, con Avelino... Suena el disparo y... cómo no... hay que subir, subir, subir.... Lo mismo que el día anterior habíamos bajado antes de llegar a meta, ahora lo hacíamos al revés. Qué frágil es la memoria, ciertos enfrentamientos sólo producen derrotas. Nuestra estrategia era correr sin parar hasta llegar a la zona de hierba (la más empinada)... pero no pudo ser, ya al poco de salir, tuvimos que echar pie a tierra pues los desniveles para esas alturas de la película, eran desproporcionados. Creo que fue el día que más calor hizo, y eso se notó. Al llegar a la zona de hierba se oían los jadeos del resto de corredores y el nuestro propio, unos jadeos de no haber nacido nuca o de haber muerto hace mucho. La animación es buena, pero como nosotros salimos de los primeros (por estar en las últimas posiciones), la animación es mucho mejor cuando llega los primeros clasificados. Le digo a Syl hacia la mitad de la subida, que mire para atrás, pues no volverá a ver en ninguna etapa a tantos corredores detrás de nosotros.. Entramos en meta y hacemos 1h 19’ mucho menos de lo que habíamos pensado, no porque corriéramos más, sino porque creo que hicimos mal los cálculos.
Fabian Roncero Y Depa, hacen terceros en esta etapa.
6ª Etapa. SCUOL (SUI) - MALS (ITA). Distancia 37 km. Ascenso 1.332 m. Descenso 1.474 m.
No me lo puedo creer, ¡¿los siete primeros km de la etapa en bajada?! ¡ se habrán equivocado!... pero no, no se habían equivocado. Esta etapa siempre la recordaré como una de las más bonitas de la Transalpine, sobretodo por el espectacular paso excavado en el lateral de la montaña, con apenas 80 cm de ancho. Ese mirar hacia abajo y ver el precipicio, y el río, simplemente espectacular. Hoy día contemplo el road book (rubu), y esta etapa está llena de números, tachones, cálculos, llaves hechas por Syl. La verdad es que sus cálculos clavaban los tiempos que hacíamos, bueno, todos los de los puestos de control, no así los de llegada a meta.
Etapa para corredores, pues aún teniendo que subir casi 1.200 m en 14 km, en general la etapa es bastante llana y apta para correr (escribo esto y me muero de la risa, sobretodo al escribir “llana”). Llegamos al penúltimo control bastante sobrados de tiempo, así que en esa estación de esquí, llena de “guiris” tomando el sol con su cerveza, Entramos a los servicios a hacer pipí como dos campeones. Syl sale antes (claro,la tenía acostumbrada a casi mear corriendo). Oigo que me llama, cuando salgo me dice: “qué, ¿te la estabas meneando?”. Esa osadía consigue que la lleve por debajo de 5 minutos el kilómetro hasta meta jajajaja. Llegamos al último punto de control, estaba marcado en “robu” en el km 35, pero nuestra sorpresa es cuando el chico nos dice: “ánimo, que sólo os quedan 6 km”... ¿¿¡¡¡6 km!!!?? “lamadrequeparioaldelaorganizacionysuscalculos”, y claro, a esas alturas de la película, hacer dos km de más que salían al final, era como subir al Everest y volver a bajar.
7ª Etapa. MALS (ITA) - SCHLANDERS (ITA). Distancia 35,5 km. Ascenso 2.145 m. Descenso 2.411 m.
Sin lugar a dudas la etapa más dura de la Transalpine, no ya por su subida al 3.000, no por su ascenso de algo más de 1.300 m en 4 km, no por su desnivel medio del 30%, tampoco por bajar casi 2.500 m en 15 km (lo que da un desnivel del 16,5 %), sino porque era el séptimo día, y decir que no había fuerzas, era tener muchas fuerzas, en realidad estábamos agotados.
Al primer control llegamos bien aunque un poco justos, pero lo mejor estaba por llegar... aquella subida simplemente era impresionante, sobrehumana... esta vez los corredores que se veían delante de nosotros no eran hormigas, sino microbios.
La noche anterior habíamos leído una crónica de alguien que ya hizo esta carrera y decía de esta etapa que cuando subes, parece que estas llegando, pero, es un collado y tienes que seguir subiendo, así varias veces... y tenía razón, parece que nunca llegas. En la subida das un paso para arriba y dos para abajo. Hace frío. Comienza a caer un poco de agua nieve. Es interminable. No recuerdo ya ni las horas que estuvimos subiendo, pero por muy malo o mucho que me costara subir, prefería eso a lo que sabía que me esperaba después... ¡¡la bajada!! En la cima Syl me dice que le duele el tendón de Aquiles. Los primeros metros de la bajada son, simplemente acojonantes, en el más estricto sentido de la palabra, de hecho, se puede bajar haciendo “arenasky”. Nos ha costado tanto subir, y estábamos bajando con tanto miedo, que cuando miro al reloj me doy cuenta de que peligra nuestro tiempo en el último control... Así una vez más, bajada a toda castaña, adelantando a mogollón de gente, a los que yo denomino “restos de cadáveres de la subida”. Llegamos al control sino con dos minutos de sobra, con el tiempo justo... pero luego nos enteramos que lo habían ampliado media hora. Nos ponemos hasta las orejas de comer sandía y salimos pitando, que esta etapa se va a hacer más larga que un día sin pan. La bajada es eterna, eterna, eterna... (aquí puede ponerse todos los eterna que uno quiera). Vemos a corredores bajar andando, cojeando (se me olvidó decir que a estas alturas de la Transalpine quien no llevaba un taping, llevaba una venda), incluso bajando de culo por el dolor de rodillas. Nosotros seguimos corriendo hasta llegar a la meta... Que iba tan ciego que no vi el arco de llegada... ¡¡¡ni aunque hubiera sido el Arco del Triunfo lo hubiera visto!!!
Ahora sí, ahora sabíamos que la Transalpine la teníamos en el bolsillo, por muy mal que estuviéramos, la última etapa la íbamos a hacer sí, o sí.
La luz no es un astro, ni la belleza robada. El mar no es de cristal, ni la tierra fértil. El óleo no es un paisaje, ni la meta imposible.
8ª Etapa. SCHLANDERS (ITA) - LATSCH (ITA). Distancia 28,6 km. Ascenso 1.817 m. Descenso 1.894 m.
Por las noches, vuelvo a ser un eterno transeúnte insonoro, con los bolsillos llenos de sueños y recuerdos. Cuento los pasos a propósito y descuelgo soles para el invierno, envueltos en papel celofán.
Era la última etapa y no por ello la organización iba a ponérnoslo fácil. Una salida llana de un km aproximadamente y para arriba, unos 10 km. De hecho, y viendo cómo tenía Syl el tendón ya la noche anterior, y lo que le costaba y dolían las subidas, le dije que para nosotros esta última etapa sólo tenía 10 km, pero qué 10 km... 1.787 metros de ascenso, lo que hacía una media del 17% de desnivel. La primera parte transcurre por una zona muy bonita, con bosques cerrados y verdes, y cuando crees que ya has legado arriba y que lo peor ya pasó... de nuevo vuelves a ver a las hormigas allá en lo alto, fue un deja-vu de la etapa anterior, aunque menos dura. Debido al dolor que tiene Syl en su Aquiles, llegamos a la cima con el “hombre-escoba” de acompañante, pero al llegar arriba, descendemos otra vez vez muy fuerte y recuperamos la posición. Cuando llegamos al último avituallamiento, no ya de la etapa, sino de la Transalpine entera, nos abrazamos porque ya lo hemos conseguido. Los últimos km, a pesar de los dolores en las rodillas, son una fiesta, de tal modo, que a falta de un km, la organización ha colocado un avituallamiento especial ¡con champán! Syl dice que no quiere, pero yo en esos momentos me bebo hasta el agua de fregar. Syl va muy tocada y le voy cantando los metros que quedan... 500, 400, 300, 200... hasta que vemos el arco de meta, el último arco de meta. La emoción es indescriptible. Nos abrazamos. Syl se pone a llorar, yo también, pero a mi no me gustan mucho esos papelones y me voy a tomar una cerveza, como hice todos los días, pero esta vez, infinitamente más feliz.
Había una eternidad para volver a empezar, y había una eternidad para volver a terminar, como si el tiempo se fuera a parar en un instante o los ojos dejaran de zigzaguear en sus órbitas. Había hogueras en las estrellas, y nosotros las vimos arder de mil maneras. Había suspiros y lágrimas y una ilusión enfermiza. Siempre supe que lo que controlaba nuestro pulso fue la ilusión, una especie de voz que nos contemplaba desde las alturas y que clavaba mil relámpagos en nuestras costillas.
Ahora ya sé que la libertad sólo existe en las miradas, y en los despertares al borde de los sueños, y tal vez, sólo tal vez, en los recuerdos que adherimos a nuestras manos, como un puzzle ante los ojos de un niño.
Quiero volver a reiterar mi agradecimiento a toda la organización de la Transalpine (Plan B), con especial mención para Oriol, Uta y Nico... Gracias por vuestros ánimos, vuestra entrega y vuestra ilusión que hicísteis nuestra.
Gracias también a todo el grupo de españoles: Chema y Alonso del equipo Buff, Julen, Jordi y Santi, Roberto y Santiago, Joan y Jaume, Josero y Alonso, Roberto y Virgilio, Pilar y Jordi, Roncero y Depa, Olga y Juan, Roberto y Josef, Ander y Jóse y en especial a Oscar y Eladio (Elyos), Santiago y Avelino, y Samuel y Lidia... Gracias por vuestras risas, vuestros ánimos y sobretodo vuestra humanidad (perdonad los que no aparecéis aquí... recuerdo vuestras caras pero no vuestros nombres).
Gracias a todos los que con vuestros mensajes, msm’s, mails, llamadas, blogs, me habéis apoyado y animado... Ya saéis la fuerza que da todo eso.
Gracias a mi familia por aguantarme y ayudarme, en especial a Teresa por sus mimos, cuidados, ánimos, esperas, caprichos y apoyo incondicional... os quiero mucho.
Gracias a nuestros patrocinadores: Wellnes Yeyuk, Edicionlivre y Diputación de Valladolid... sin vosotros hubiéramos hecho la carrera porque a cabezones no nos gana nadie, pero nos hubiera costado más... gracias por confiar en nosotros.
Pero sobretodo gracias a Syl, no ya por tu lucha, entrega y esfuerzo empleado, sino por tu eterna sonrisa y comprensión. Por redibujarme la palabra ilusión y sobretodo, por enseñarme que la vida orbita junto a la felicidad... vete buscando otro reto, que ahora sí que el mundo se nos ha quedado pequeño. Te quiero mucho.