28,62kms y 1817m ascendentes. De Schlanders a Latsh.


Cuando empiezas una carrera así, tienes la sensación de que el último día no va a llegar nunca, no piensas en él en ningún momento como tal, como otra etapa más, pero sabes que está ahí y que llegará. Tu mente sólo se dedica a descontar días, etapa tras etapa, igual que el que deshoja una margarita deseando un SI. Es una sensación extraña cuando por fin llegas a él, cuando sabes que aunque sea de rodillas, vas a conseguir terminar tu sueño, cuando sientes que es más tuyo casi que los otros 7 días anteriores, incluso antes de haberlo corrido.

Tuve que multiplicar mi fuerza mental por mil, todavía no sé ni cómo ni de dónde la saqué.

Ni siquiera la ilusión me prestó su ayuda.

Los primeros 10kms de la última etapa eran hacia arriba, con un ascenso total de casi 1800m. Eso, tras todo lo vivido, ya hubiese podido ser casi un paseo, pero cuando te levantas cojeando, ves el tendón de akiles vociferando socorro y de un color más entonao hacia la morgue que yoqueséelqué...piensas mirándote acojonada y hacia adentro "amiga...hoy nos vamos a divertir!".

¡¡¡Qué manera de sufrir!!!...su puta madre!!! (la de mi tendón)...aquella subida fue lo peor, para mi, de toda la transalpine, sin duda alguna. Cada paso hacia arriba era un "ays" que me salía del alma, de hecho hubo un momento, en el que por esforzarme de más (pegado a mi culo iba ya el hombre-escoba), empecé incluso a marearme de dolor.

No quiero ni entretenerme recordando que pasamos a tiempo el control, porque ni siquiera soy consciente de haber pasado por él. Parecía la jefa de la Santa Compaña por lo menos...

La parte buena de mi tendón, es que en posición de bajada o llaneo, se olvidaba totalmente de mi y mis quejas, por lo que llegar a la cima y saber que lo duro, había terminado, me llevó al séptimo cielo de la felicidad. A partir de ahí, mi emoción fue tan grande, que pregunté a Miguel..."¿qué tal la rodilla para correr?"...y como su respuesta, fue la misma que salió de mi propia rodilla..."jodida, pero contenta...me puedo aguantar"...empezamos a disfrutar de los últimos 18kms de la transalpine, como si hubiesen sido los primeros.

La bajada fue larga pero preciosa. Empezamos a pasar a muchísima gente sin ganas ya de correr. A nosotros nos sobraban. La adrenalina, la alegría y la emoción se habían adueñado de nuestros músculos. Pensábamos en la fiesta de clausura que nos esperaba por la noche y reíamos imaginando todo lo que íbamos a beber y a fumar. Llegamos a correr a 4.40' el km sin apenas darnos cuenta (sobre todo yo, que no me quería acelerar pero no era capaz de frenarme). Los últimos kms viendo Latsch tan cerca, pero tan lejos...recorriendo senderitos mágicos y verdes...viendo bonitos castillos y esos inacabables campos de manzanos, se hicieron eternos. Necesitaba llegar, pero a la vez, me apenaba hacerlo. Nos encontramos con Roberto y Santi, que a pesar de ir andando, nos dedican sus mejores ánimos y sonrisas. Cuando ya empiezas a pensar que los manzanos llegan hasta el infinito, de repente ves y oyes a lo lejos, un pequeño avituallamiento con dos chavales gritando como locos "hop, hop, hop...yeeeesssssss....you did it!!", donde paramos para brindar (Miguel incluso con champagne) y de paso dar las gracias a Cristina, (que está esperando a Oriol y a Ferran), por su enorme alegría al vernos.

Ya con sus gritos, empiezo a emocionarme sobremanera. Puff...imposible aguantarlo...Voy pensando en que vamos a terminar algo que empezamos casi un año atrás, en todo lo que ha supuesto para mi llegar hasta ese momento, en los montones de horas dedicadas a elegir equipaciones, a organizarnos, a entrenar, en cuanto hemos vivido en tan sólo 8 días, en la intensidad de la vida cuando uno la disfruta corriendo...y escucho a Miguel diciéndome los metros que faltan para meta...500 metros, 400...no oigo ya...De repente veo a Virgili, felicitándonos a gritos y ya mi emoción sobrepasa todos los límites y cogida de la mano de Miguel empiezo a llorar sin tregua. Giramos la última curva, Oriol anuncia nuestros nombres, veo a Alonso, a Josero, a Tere, a Roberto...aplauden, sonríen...paramos, nos abrazamos, lo hemos conseguido!!...y siento, cómo en tan sólo un segundo, toda la felicidad del mundo multiplicada por 8 etapas, por 240 kms, por 30.081 metros de desnivel acumulado, se apodera de mi y me hace sentir grande, muy grande. Casi tan grande como los propios Alpes. Nuestros Alpes.


Ps: no me cansaré de dar las gracias a la organización por su trabajo tan espectacular, menos aún de dárselas a Tere por todos sus cuidados y atenciones. Tampoco puedo olvidarme de todos los amigos españoles (Samy y Lidia, Jordi y Pilar, Juan y Olga, Josero y Alonso, Roberto y Santi, Ferran y Oriol, Avelino y Santi, Óscar y Eladio, Fabian y Depa, Roberto y Virgili, Álex y Bárbara, Joan y Jaume, Xavi y Lluis, Julen, Roberto y Josef), con los que fue un placer compartir el día a día, por todas las risas, las charlas y los ánimos. O al gran amigo Paul de Australia por nuestras conversaciones en las alturas o al coreano por tantas fotos y por sus masajes super cañeros pero efectivos, a la encantadora Erika que corría con su padre, por su sonrisa y su fuerza o a Niko por toda su incondicional ayuda. Y como no, a mi compañero de equipo, Miguelito, por su paciencia, por su ilusión, por su cariño, por su humor, por sus ánimos y por su confianza en mis posibilidades mucho antes de empezar la transalpine. Gracias mequetrefe. Tqm (pero en alemán).

Transalpine 8ª etapa (Syl)

29 de septiembre de 2009

 
 

Siguiente >

< Anterior